Resolviendo los conflictos de manera exitosa

Siboney Pérez

Resolviendo los conflictos de manera exitosa

Los conflictos y las diferencias están presentes en nuestra vida de manera constante, en cualquier contexto se dan y a veces, surgen da “la nada”.

La naturaleza y causa de un conflicto no siempre son negativas, si se manejan de forma constructiva. Ahora bien, cuando ellas se ignoran o se permiten que se profundicen, arraiguen, pueden presentar efectos devastadores para los implicados en el mismo.

¿Qué se entiende por conflicto? Podemos entender por conflicto oposición entre ideas, intereses, etc. incompatibles que nos lleva a tener una controversia, diferencia o desavenencia. 

Una de las primeras cosas que hay que hacer es buscar comprender los conflictos; todos nosotros experimentamos conflictos y estos pueden aparecer en el trabajo, en la casa, con los amigos, con los hijos, parejas. No escapamos a su aparición que, en algunos casos, puede llegar incluso a una manifestación de violencia física. Algunos son sencillos de reconocer, aunque no necesariamente, fáciles de resolver. Muchos de ellos se presentan a través de discusiones, de enemistades, por tener opiniones contrapuestas, visiones y concepciones distintas de cómo resolver o llevar a cabo las cosas.

Muchos de los síntomas de un conflicto no salen a la superficie o se expresan, pudiendo o no las personas, ser conscientes de la situación. Cuando esto sucede, no se dan las acciones para resolverlo hasta que es demasiado tarde para que tengan algún resultado eficaz.

El conflicto en sí mismo no es ni bueno ni malo, él es el resultado de la convivencia humana y de los contextos donde se dan las mismas. El conflicto es el resultado natural de que las personas se relacionen, convivan o trabajen juntas. Ellos pueden ser constructivos o destructivos, dependerá de cómo lo manejemos y gestionemos para acentuar lo constructivo/positivo e intentar reducir y eliminar lo destructivo/negativo.

Será constructivo, si soluciona el problema que lo originó y logra resolver los desacuerdos para lograr avanzar en los puntos de atascamiento. Esto conlleva a que las personas obtengan un aprendizaje de la situación y las lleve a otro nivel de desafíos y de cambios. Por otro lado, será destructivo, si no se reconoce o se atienden en cuanto aparecen las primeras señales y se ocultan las fuentes verdaderas de los problemas y por lo tanto, no se toman decisiones o se toman erróneamente, cuando desvían los recursos y energías a temas menos importantes.

Comprender la interdependencia de las relaciones nos coloca en el centro de la resolución de los conflictos. Ninguno de nosotros puede actuar cual “Llanero solitario” en el mundo de la convivencia, pues hacemos cosas con los otros en un gran mecanismo de interacción. Esta interdependencia origina mucho de los conflictos dado que no siempre es fácil hacer las cosas a nuestra manera o como quisiéramos llevarlas a cabo. Muchas de las veces, tenemos que acordar acciones con otros.

De lo anterior se deduce, que cada uno de nosotros tiene percepciones, juicios, necesidades, ideas, deseos, objetivos, intereses y conductas que pueden resultar incompatibles con los de las demás personas con las que entramos en contacto.

Existen tantas diferencias entre las personas como personas habitan el mundo; cada una presenta expectativas, valores, creencias, actitudes, personalidad que la distingue de otra y que hace muy difícil llegar acuerdos en las mismas acciones y situaciones concretas. También se presentan diferencias en los estilos y canales de comunicación que muchas veces, se rompen o nuestros mensajes son malinterpretados, siendo caldo de cultivo para originar conflictos.

Y aquí entra una competencia o maestría fundamental para resolver los conflictos entre las personas, la de saber escuchar. Saber escuchar es una de las claves de resolución de conflictos de manera constructiva; esto requiere que más que la otra persona nos escuche, es si nosotros escuchamos y comprendemos la perspectiva y punto de vista del otro. Cuando somos nosotros quienes primero escuchamos, casi con seguridad, seremos luego escuchados.

Con esa competencia se crea un ambiente y atmósfera que demuestra un deseo e intención de querer solucionar las cosas y de resolverlas constructivamente. Esto requiere de cuatro condiciones: conocernos a nosotros mismos, escuchar al otro, analizar lo que escuchamos y conocer los obstáculos a superar.

  1. Conocernos a nosotros mismos: Cuanto más conscientes somos de nuestras formas de actuar, reaccionar, pensar, más aprenderemos a interactuar de una manera positiva con los demás. Nos permite ver el conflicto desde una perspectiva diferente y entonces podemos determinar cómo cambiar nuestras reacciones y sentimientos.
  2. Escuchar al otro:  El objetivo es llegar a una resolución satisfactoria para todas las partes involucradas en determinado asunto. Cuando se escucha, podemos obtener información útil y necesaria para comprender mejor la situación desde el ángulo y punto de vista de la otra persona y se incrementa la posibilidad de llegar a una solución constructiva.
  3. Analizar lo que escuchamos: Con la información que recibimos tenemos que ser capaces de usarla y colocarla en un contexto determinado, es decir, en un marco que nos permita organizarla y manejarla a los fines de resolver el conflicto, y en caso de ser necesario, profundizar aún más en las cuestiones necesarias que lleven a ese resultado.
  4. Obstáculos a superar: Cuando queremos verdaderamente escuchar al otro, debemos estar conscientes de las ideas erróneas que pueden surgir en nosotros y los factores externos que influyen en esas ideas erróneas. Aquí podemos mencionar oír solo lo que queremos oír, dejarnos influencias por otros, distracciones cuando estamos escuchando.

Tomando esos aspectos en cuenta podemos avanzar un poco más en la resolución exitosa del conflicto. Hay que aprender cómo sin estar de acuerdo en algunos puntos o aspectos, encontrar una solución favorable para las partes. Entran en juego los siguientes pasos a considerar:

  1. Reducir lo más que se pueda, aquellas emociones fuertes que están presentes a la hora de resolver el problema, ya que ellas pueden afectar seriamente el objetivo planteado y alterar los mecanismos de comunicación imprescindibles para resolver las diferencias.
  2. Explorar las razones del conflicto, todos deben estar dispuestos y receptivos a discutir y a escuchar las opiniones de todos sobre la situación y tema en cuestión, esto facilita la comprensión de los hechos y posibles emociones ocultas tras el desacuerdo. Las siguientes preguntas deben ser contestadas: ¿existen ideas diferentes sobre el problema? ¿están siendo malinterpretados los objetivos de las partes? ¿a qué cosas se les está dando mayor énfasis?
  3. Considerar soluciones alternativas, una misma acción puede ser realizada de diversas maneras. Se deben examinar todas las posibles y considerarlas en sus pros y contras.
  4. Acordar solución, para facilitar que ambas partes en conflicto colaboren para una vía satisfactoria para todos. No resolver el problema puede originar unos conflictos mayores.
  5. Implantar la solución acordada, y comunicarla a todos los que puedan verse afectados por ella.
  6. Evaluar solución, para determinar si mejora la situación.

Como se desprende de todo lo escrito hasta aquí, no podemos sustraernos de los conflictos, ellos son parte de la vida, lo importante es que ellos se pueden manejar y transformar constructivamente, y cuando los podemos resolver, logramos un nivel de crecimiento, expansión y se convierten en una fuerza motivadora para alcanzar el éxito en nuestras relaciones interpersonales.

Siboney Pérez V.
.Mg.Sc. en Coaching Psicológico

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